El trono o paso de palio es uno de los elementos más emblemáticos de la Semana Santa en Andalucía, encontrándose también en el resto de España y otros puntos del mundo Católico.
Se trata de un gran altar y trono regio para dignificar el culto externo y procesional de, generalmente, imágenes de la Santísima Virgen María.
Los palios, en origen, son doseles reales móviles y se conoce su uso desde la antigüedad, teniendo documentación y grabados de reyes y emperadores caminando bajo palio desde las épocas del Imperio Asirio, Mesopotámico o Persa, pasando por emperadores romanos o bizantinos y también durante la Edad Media y renacimiento por nuestros reyes y emperadores castellanos, aragoneses y finalmente españoles.
Con la llegada de la dinastía de los Borbones y sus tradiciones francesas, el uso del palio de 4 o más varas decae un poco en su uso público general, pero no se pierde en absoluto y los reyes españoles siguen siendo cobijados bajo doseles móviles en visitas reales, sobretodo cuando visitan algún templo y especialmente catedrales. Aún en el siglo XX no era extraño ver en alguna visita a templos a nuestros anteriores reyes, los padres y los bisabuelos de nuestro actual rey, bajo palio.
Por generalización de su uso y simbolismo real, es por lo que comenzó a cubrirse bajo palio a nuestro Rey de Reyes y Rey del Universo, Nuestro Señor Jesucristo, ya sea en su presencia viva y real en el Santísimo Sacramento, como en sus benditas imágenes que lo representan y también posteriormente a las imágenes de la Santísima Virgen María, Reina de los Cielos.
Los mismos altares de cultos que nuestras cofradías suelen levantar para sus solemnidades, no dejan de ser una trasmutación de un salón del trono real y, de esta forma, no suele faltar nunca un gran dosel, con su gotera o bambalina, en la parte más alta, igualando a los doseles de salones del trono de palacios reales o los puestos de honor de las capillas reales.
Aunque su uso en imágenes de Cristo ha decaído mucho, aún es posible encontrar imágenes de Nuestro Señor procesionando bajo palio, templetes o baldaquinos en diversas ciudades y pueblos, teniendo muy buenos ejemplos en nuestra provincia de Málaga y otros puntos de Andalucía.
El Santísimo Sacramento siempre es cubierto bajo palio en sus procesiones eucarísticas solemnes tanto dentro como fuera de los templos, incluso aunque las custodias procesionales que portan a S.D.M. sean un templete o baldaquino en sí mismas, nunca falta un palio de mano detrás y también en ceremonias o misas multitudinarias, es habitual que el Santísimo en sus movimientos para la comunión o llevada al Sagrario sea cubierto respetuosamente de alguna forma.
Pero fue en los pasos y tronos procesionales de la Santísima Virgen cuando, sobre todo, a partir del siglo XIX, el palio tuvo el mayor desarrollo y evolución, construyéndose piezas monumentales, tremendamente elaboradas, detallistas y lujosas, colocadas con gran dedicación y esmero para mostrar el respeto y devoción a la Santísima Virgen María, nuestra Reina de los Cielos.
Aunque realmente es un elemento añadido más a las andas procesionales, por su tamaño, características y volumen que genera, el palio personaliza totalmente a los pasos y tronos que lo llevan, creando en sí mismo un genero de paso procesional, que aunque tenga variaciones y tipologías diferentes, en general mantiene las ideas y características principales en todos ellos, formando verdaderos monumentos en movimiento en nuestras calles.
Dado lo complejo y elaborado de un trono de palio por todos los elementos que lo componen y la riqueza y detalle de los mismos, suele ser el elemento procesional que más tarde se completa en una cofradía, tanto por su minuciosidad en su enriquecimiento como por su valor, pero es la guinda que culmina a una cofradía, significando su logro la devoción de sus hermanos en un gran esfuerzo colectivo para demostrar su respeto y amor a la Madre de Dios, presentándola con la mayor de las solemnidades y majestuosidad posibles que nuestra tradición nos ha transmitido y nosotros debemos preservar.
Los elementos que componen un paso o trono de palio son los siguientes:
Cumpliendo la necesidad de la petición de diseño de trono para la titular, el proyecto se presenta en su perspectiva frontal y lateral, además del desglosado de sus piezas.
En primer lugar nos llama la atención su verticalidad, la contundencia visual en el estilo y su tipo de ornamentación fuera de lo común: Su morfología nos lleva rápidamente a recordar los clásicos tronos que se procesionan en Antequera.
En nuestra tierra , más concretamente en la localidad de Antequera, los tronos que procesionan bajo palio a la Madre de Dios, gozan de unas características que lo hacen distinto al resto de las semanas santas, entre las cuales destacan: verticalidad del trono, altura del palio con cajón, baquetón o moldura rematada de crestería, el uso de una gran peana de carrete, ausencia de candelabros con cola, aunque no de candelabros traseros y además de la presencia de una medialuna apocalíptica a los pies de la imagen de María.
De esta manera, en la Semana Santa de Antequera, el trono de palio no es una evolución de los tronos o pasos marianos renovados en la Semana Santa andaluza del primer cuarto del pasado siglo XX, fundamentalmente en Sevilla, sino que mantiene la estética puramente romántica antequerana, que se consolidó en la segunda mitad del siglo XIX, pero que conservó elementos propios y muy característicos, como los ya reseñados, que le siguieron confiriendo un sabor y una estética única y distinta al resto.
Es por esto por lo que se ha tomado como referencia a la hora de realizar el presente diseño, para lograr algo único y personal, que no sea una nueva versión de lo ya mil veces realizado ni algo más de lo mismo que ya estamos acostumbrados a ver, buscando originalidad, personalidad, empaque y solemnidad. Algo que será nuevo, pero con aire y caché a antiguo.
Además de esto, destacará por la personalidad de su estilo, pues se ha elegido optar por la estética manierista, un estilo artístico poco frecuente en la Semana Santa de Andalucía y que le da un gran golpe de originalidad, sobre todo tratándose de un trono de palio.
El manierismo fue una reacción al clasicismo renacentista, como ruptura con las normas y reglas tan estrictas de la ornamentación clásica. Era la forma en que los arquitectos o diseñadores comenzaron a interpretar más libremente, “a su manera”, de ahí manierismo, las formas clásicas, totalmente definidas por los tratados de Vitruvio.
Este movimiento o más bien corriente de evolución del Renacimiento clásico comenzó a partir del 1520 y se dio en todos los tipos de artes: arquitectura, escultura, pintura, etc.
Los artistas manieristas enfatizaron la complejidad, la tensión y la inestabilidad en las composiciones, alejándose de la armonía y el equilibrio clásico.
Algunas de sus principales caracteristicas son:
De esta manera, hemos intentando conjugar dentro de la clásica estética antequerana toda la información manierista posible, intentando crear un conjunto único en la semana santa de Andalucía, y que viene además a sumar y a enriquecer la semana Santa de toda Andalucía como algo original entre los conjuntos únicos del Socorro de Antequera, la Virgen de los Ángeles de los Negritos de Sevilla o el conjunto de la Virgen de la Palma del Buen Fin.
Obras no del todo comprendidas en su tiempo, pero que con el paso del tiempo han ganado su sitio de importancia pasando a ser consideradas verdaderas obras maestras por su gran originalidad.
Este Trono es un cántico de alabanza a Santa María, Asunta a los Cielos de los que es Reina.
También una exaltación a Dios, señalando desde la Tierra a las nubes así como el árbol sagrado (el ciprés) apunta al cielo desde sus raíces (lo terrenal, nosotros en la tierra).
Comienza con un baquetón o moldura esmaltada en color negro con aplicaciones de orfebrería en color oro viejo que sirve de cajillo, rematado por tallas doradas con gallones y hojarascas, todo ornamentado en estilo manierista avanzado o protobarroco.
Tanto en el frontal como en los laterales emergen cinco cartelas de gran tamaño (una en el frontal y dos en los laterales), en las cuales, se entrelazan todos los materiales, pues conviven en la misma superficie orfebrería, tallas y esmaltes.
En cada una de estas cartelas Los misterios Dolorosos del Santo Rosario, haciendo alusión al sufrimiento y padecimiento de Santa María ante la Pasión y Muerte de Nuestro Señor:
En todo el cajillo nos llama la atención sus nueve pináculos o perillas , que emergen con gran esbeltez como ya veremos en el resto de piezas.
El número nueve aparece cuarenta y nueve veces en las Sagradas Escrituras. Su simbolismo bíblico está vinculado principalmente a los conceptos de fidelidad a Dios y a su divino juicio. Suele aparecer durante momentos cruciales de transformación, culminación o juicio en la narrativa bíblica. De modo que, así como el palio puede representar la Asunción de María en cuerpo y alma a los Cielos (MisteriosGgloriosos), el cajillo puede puede servir como clara alusión la Dormición de la Madre de Dios entre los mortales.
También, el numero nueve representa en la biblia la integridad o finalidad. Pero incluso si la asociamos a la muerte de Cristo, ya que la finalidad de este Martirio fue abrir las puertas de la Salvación para la Humanidad.
La peana de la Santísima Virgen es un carrete de gran tamaño, esmaltado en color negro, y en el cual tienen gran presencia de nuevo tanto la talla como la orfebrería y la mezcla de la plata y el oro viejo.
Su planta es octogonal pero nos llama la atención sus cuatro perillas en el perímetro de la misma que, siguiendo la numerología religiosa, representan los cuatro Profetas Mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, que prepararon al pueblo con su palabra para la llegada de Cristo.
Doce basamentos rectangulares de madera dorada con esmaltes negros al más puro diseño manierista, sirven de arranque para las barras de palio que proporcionan esbeltez por su delicado cincelado y la suavidad en los nudetes que separan los distintos tramos.
Llama principalmente la atención que las bambalinas del palio las cubren por ambos lados, quedando oculta la sujeción a la crestería (a la usanza antequerana).
Todo el palio, tanto por su verticalidad, como por sus características y número de elementos que lo componen, hacen alusión al Reino de los Cielos.
La crestería de este palio hace juego con el resto del conjunto, recalcando de ésta la complejidad en sus volúmenes y la valentía en su diseño con cartelas y mascarones manieristas en sus esquinas, como los que aparecen en los pies de los candelabros o los centro de las ánforas. Además, nos llama la atención la gran cantidad de pináculos que apuntan al cielo y nos recuerdan a las fachadas de las catedrales renacentistas.
En total suman treinta y seis pináculos y hacen especial alusión al Salmo numero 36 de la biblia en el que se habla claramente del Reino de Dios diciendo:
Tu misericordia, oh SEÑOR, está en los cielos;
y tu fidelidad llega hasta las nubes.
Tu justicia es como grandes torres que apuntan al cielo.
Tus juicios son un gran abismo;
oh SEÑOR, tú preservas al hombre y a las bestias.
¡Cuán grande es tu misericordia, oh Dios!
Por tanto, los hijos de los hombres confían bajo la sombra de tus alas.
Esta crestería lleva guirnaldas de laurel en orfebrería plateada y motivos alusivos a Santa María como Reina de los Cielos.
El bordado sobre terciopelo burdeos oscuro está compuesto por cartelas con apliques de orfebrería tanto en los tondos bordados como en los borlones que rematan los flecos de las bambalinas.
El programa iconográfico que se nos presenta en las cartelas del palio son los misterios gloriosos del Santo Rosario, haciendo una vez más, clara alusión a la advocación de la Virgen, pero esta vez de una manera más gloriosa:
Tres grandes jarras o ánforas se distribuyen a lo largo de los laterales, en los entrevarales o entrebarras primero, segundo y cuarto, dejando libre el tercero central para permitir una completa visión lateral de la Virgen sobre su peana y el último, ocupado por la iluminación de cola.
Estas jarras poseen elementos manieristas en sus bases y cuello, pero su cuerpo y sus asas recuerdan en su ornamentación vegetal a las ánforas clásicas romanas y también renacentistas, estilo precedente al Manierismo, enlazando así uno con otro, pues en la Historia del Arte, nunca se dio un salto radical, siempre hubo evolución y cambio continuo, uniéndose o mezclándose las corrientes limítrofes en plena conjunción.
La candelería tiene como originalidad, aunque es común en muchos palios, que se sale un poco del estilo general del resto del conjunto, siendo sus piezas de ornamentación más barroca, aunque con un nudete plenamente manierista para que dialogue con el resto de elementos del conjunto.
Tradicionalmente, a la hora de configurar la candelería de un paso o trono de palio, cuando éste se iba levantando en los preparativos para Semana Santa, era habitual completar su candelería con todos los candelabros, incluso de varios brazos, que se conseguían, recolectando piezas de la propia iglesia y otros que tuvieran hermanos o familias que los prestaban, formando así un conjunto heterogéneo de piezas pero que por su número y perfecta configuración simétrica hacía un bloque armonioso y rico.
Es por ello por lo que se ha elegido un estilo más avanzado y posterior al Manierismo, aunque limítrofe, para la ornamentación de la candelería, abarcando así varios siglos y estilos en el conjunto del trono: Renacimiento, Manierismo y Barroco.
La iluminación del trono la completa seis faroles que siguen el discurso ornamental del resto del trono, formas al gusto Manierista en plata en su color con incrustaciones de piedras negras y esmaltes.
Dos grupos de faroles de cola en la trasera del trono para iluminar convenientemente el manto y otros dos faroles de menor tamaño en el frontal, delante de la candelería, flanqueados por dos pequeñas cráteras manieristas destinadas al extorno floral.